El Martí que yo conocí
El Martí que yo conocí El gran amor de un héroe, de un alma pura, iluminó la vida de una mujer digna de ese amor.
Amalia Simoni de Agramonte tuvo esa aureola y supo llevarla.
De ella ha escrito Martí: “Por la dignidad de su vida, por su inteligencia rara y su modestia y su gran cultura, por el cariño tiernísimo y conmovedor con que acompaña y guía en el mundo a sus dos hijos, los hijos del héroe, respeta Patria y admira a la señora Amalia Simoni, a la viuda de Ignacio Agramonte.”
Poco antes de estallar la Gran Guerra del 68, regresó a Puerto Príncipe, desde París, el conocido doctor Simoni, con sus dos hijas, Amalia y Matilde. Ambas habían estudiado en Francia: eran lindísimas, graciosas y elegantes. Amalia cantaba admirablemente y con su voz seductora cautivó, al instante de conocerla, al apuesto y valiente Ignacio Agramonte.
Matilde conquistó, de golpe también, a un primo de este, Eduardo. Pero ¡ay! las esposas de ambos pronto enviudaron: los dos Agramonte cayeron peleando por Cuba libre.
