El Martí que yo conocí

El Martí que yo conocí

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LA CASA DE MANTILLA

Carmita Mantilla se había mudado varias veces durante la estadía de Martí en Nueva York.

De la calle 29, donde él se hospedó al llegar, se cambió a una casa en Brooklyn y otra vez a Nueva York a dos o tres diferentes lugares.

Donde quiera que sentara sus lares se reunían los amigos. En su sala conocí al gran amigo de Martí, Fermín Valdés Domínguez, y a buen número de literatos de nuestra América: César Zumeta, Vargas Vila, Juan Pérez Bonalde, Fabio Fiallo y al médico revolucionario, Eusebio Hernández.

Don Mariano había estado en Nueva York antes de mi tiempo. Habitaba con su hijo, entonces instalado con su mujer en una casita en Brooklyn. Luego, cuando Carmen Zayas Bazán regresó a Cuba, él y Pepe Martí se quedaron solos unas semanas, hasta que se mudaron al lugar hospitalario de Carmita Mantilla.

Yo no lo conocí, pero, como recuerdo de su paso por la metrópoli americana, queda en nuestra familia la memoria de unos versos enviados a mi cuñada Adelaida Baralt.

Luis y Adelaida habían invitado a comer una noche a Martí y, estando enfermo su padre, se disculpó, según su costumbre galante, con un soneto. Helo aquí.

Ayer, linda Adelaida, en la pluviosa


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