El Martí que yo conocí
El Martí que yo conocí Había una soirée musical en la que me habían invitado a cantar. No tenía referencias de Martí; era para mí un señor cualquiera, un encuentro fortuito de sociedad. Mas, a los pocos minutos de conversación, con habilidad que no he visto igualada, había averiguado, sin interrogatorio, cuáles eran mis gustos, mis inclinaciones, mis esperanzas. Tocó la nota del arte, me habló precisamente de las obras que me apasionaban. Había estado yo en París, donde hacían furor los paisajes de la Escuela de Barbizón.
Martí estaba al tanto de todo. Discutió conmigo cuadros, música y libros, de la manera más natural, con absoluta sencillez, sin hacerme sentir la diferencia que había entre una niña y un sabio.
Luego señala: “Pude apreciar al instante que era un hombre superior, de vastos conocimientos y de alma grande.” Corría el año 1884. Blanche contaba entonces con dieciocho años de edad. Era hija de Anna Zacharie y tenía varias hermanas. Había estudiado en París y hablaba el francés correctamente. Fue precisamente ese día en que conoció a Martí cuando le presentaron a otro cubano, al doctor Luis A. Baralt y Peoli, amigo del héroe americano. Blanche y Luis Baralt se comprometieron y al poco tiempo, a finales de 1886, fue la boda. Martí fue el padrino.
