DOCTRINA SECRETA TOMO 2
DOCTRINA SECRETA TOMO 2 Las investigaciones matemáticas y dinámicas de Leibnitz no hubieran conducido al mismo resultado en la mente de un investigador puramente científico. Pero Leibnitz no era un hombre científico en el sentido moderno de la palabra. Si lo hubiese sido, hubiera desarrollado el concepto de la energía; hubiera definido matemáticamente las ideas de fuerza y trabajo mecánico, y hubiera llegado a la conclusión de que, hasta para propósitos puramente científicos, conviene considerar a la fuerza, no como una cantidad primaria, sino como una cantidad derivada de algún otro valor.
Pero, afortunadamente para la verdad:
Leibnitz era un filósofo; y como tal tenía ciertos principios fundamentales, que le inclinaban en favor de determinadas conclusiones… y su descubrimiento de que las cosas externas eran substancias dotadas de fuerza, fue desde luego empleado con el objeto de aplicar tales principios. Uno de éstos era la ley de continuidad, la convicción de que el mundo todo estaba relacionado, de que no había vacíos ni huecos sobre los cuales no pudiese echarse un puente. El contraste de las substancias pensantes externas le era insoportable. La definición de las substancias extensas se había hecho ya insostenible: era natural que una investigación semejante se hiciese en la definición de la mente, la substancia pensante.