DOCTRINA SECRETA TOMO 2

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las partículas elementales son fuerzas vitales que no actúan mecánicamente, sino por un principio interno. Son unidades incorpóreas, espirituales [sin embargo «substanciales», pero no «inmateriales» a nuestro juicio], inaccesibles a todo cambio externo… [e] indestructibles por toda fuerza exterior. Las mónadas de Leibnitz difieren de los átomos en los particulares que siguen, los cuales nos importa mucho tener presente, pues de otro modo no podremos ver la diferencia entre los Elementales y la mera materia. Los átomos no se distinguen unos de otros; son ellos cualitativamente iguales; pero una mónada difiere de todas las demás mónadas cualitativamente, y cada una es un mundo peculiar para sí misma. No sucede lo mismo con los átomos; ellos son absolutamente iguales, cuantitativa y cualitativamente, y no poseen individualidad propia[645]. Además, los átomos [moléculas, más bien] de la filosofía materialista pueden considerarse extensos y divisibles, mientras que las mónadas son «meros puntos metafísicos» e indivisibles. Finalmente, y éste es un punto en que las mónadas de Leibnitz se parecen mucho a los Elementales de la filosofía mística, estas mónadas son seres representativos. Cada mónada refleja a todas las demás. Cada mónada es un espejo viviente del Universo dentro de su propia esfera. Y notad bien esto, pues de ello depende el poder que estas mónadas poseen y la labor que pueden hacer por nosotros; al reflejar el mundo, las mónadas no son meros agentes reflectores pasivos, sino espontáneamente activas por sí mismas; ellas producen imágenes de un modo espontáneo, lo mismo que el alma un sueño. Por lo tanto, en cada mónada puede el Adepto leerlo todo, hasta el futuro. Cada mónada —o Elemental— es un espejo que puede hablar.


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