La cueva de los ecos y otros cuentos ocultistas y macabros
La cueva de los ecos y otros cuentos ocultistas y macabros Samuel
Dos ardientes lágrimas pugnaron por brotar de los ojos del enloquecido Stenio, pero se evaporaron antes casi de surgir, mientras que aquéllos, con fulgores demoníacos nacidos de un orgullo y de una ambición sin límites, se fijaron con fruición en el yerto cadáver. La pluma se resiste a escribir lo que allí pasó más tarde, una vez que se cumplieron los trámites de la ley con el suicida, porque conviene advertir que el abnegado Samuel Klaus lo había previsto todo para asegurar la impunidad de su discípulo, escribiendo una carta a la justicia para que a nadie le culpase de su muerte.
Después de un casi simulacro de autopsia por parte de las autoridades judiciales, allí quedó el cadáver del pobre Klaus, a la completa voluntad de su heredero…
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