La cueva de los ecos y otros cuentos ocultistas y macabros
La cueva de los ecos y otros cuentos ocultistas y macabros Éstos los ensoñaron en sus delirios de inspiración o neurosis, de la que acaso fueran víctimas, mientras que aquélla, aunque parezca a primera vista lo contrario, glosó sus argumentos con pleno dominio de sí misma y con un fin perfecto y conscientemente ocultista […]. Es decir, que, mientras los cuentos, por ejemplo, de Poe, cuentos escritos bajo el influjo del alcohol, son cuentos que parecen dictados por alguien desde el astral, ese vedado mundo que Poe había abierto con la ganzúa de la bebida, los de Helena Petrovna no son sino fábulas entretenidas, bajo cuyo velo encubrió, para que los hallasen después los espíritus selectos, las enseñanzas más fundamentales del ocultismo.
Y, sin embargo, ese fabular consciente de Helena Petrovna Blavatsky tiene un poder de inquietud, igual que su mirada en los retratos antiguos. Sus historias suceden, de alguna manera, en el infierno de nosotros mismos. Sus protagonistas son nuestros demonios y condenados: fantasías y existencias prohibidas que confinamos en el subconsciente durante un amanecer lejano al despertar de una poderosa pesadilla, allá, en el alba de nuestra adolescencia; comportamientos que repugnaron a nuestra moral más despiadada; silencios a la muerte; miedo a los dedos que tocan nuestra piel dormida desde el más allá.
