La cueva de los ecos y otros cuentos ocultistas y macabros
La cueva de los ecos y otros cuentos ocultistas y macabros Al avanzar las notas del preludio, una extraña reacción se operó en el público. SÃ, aquella hábil factura musical era la misma de Paganini, se dijeron pronto todos, pero era algo más también, sin disputa. No pocos llegaron a pensar que jamás habÃa mostrado tan extraordinaria originalidad el artista italiano, ni aun en sus momentos más sublimes. Las cuerdas aquellas, pisadas por los largos y enérgicos dedos del joven Stenio, vibraban, temblaban sobrehumanas, cual los intestinos aún palpitantes de la vÃctima bajo el escalpelo del disector, gimiendo en extraña melodÃa, como el lamento angélico de un niño moribundo. Aquéllas no eran, no, las resonancias ordinarias de unas cuerdas, sino notas de la lira de Orfeo, evocadas por la mirada satánica y siempre fija en ellas de aquellos sus ojazos azules. En torno, sÃ, de aquel novÃsimo mago del arte, los sonidos parecÃan colorearse y tomar formas tangibles, como criaturas brotadas de las cuerdas al conjuro del joven artista, criaturas infernales, informes, burlonas, proteicas, en la más brujesca de las danzas macabras, mientras que allá en las sombrÃas interioridades del escenario parecÃan estarse representando al par las mayores lubricidades, los más sabáticos y monstruosos himeneos…