MartÃn Rivas
MartÃn Rivas En este momento entró Clemente Valencia, que siempre llegaba más tarde que los demás.
—Vengo de la calle de las Monjitas —dijo—, donde me detuvo un tropel de gente. —¿Qué, es revolución?— preguntaron a un tiempo palideciendo don Fidel y don Simón.
—No es revolución; pero si la hay, el Gobierno tiene la culpa —contestó Valencia, causando con esta frase gran admiración a los que le oÃan, porque estaban acostumbrados a la dificultad con que el capitalista hilvanaba una frase.
—Creo que con la polÃtica hasta los tontos se ponen elocuentes —dijo doña Francisca a Leonor, que tenÃa a su lado.
—Vamos, hombre, ¿qué hay?, estás esuflado —dijo AgustÃn a Valencia, que se calló cuando todos esperaban en silencio la explicación de aquellas palabras.
—SÃ, ¿qué es lo que hay? —Dijeron los demás.
—HabÃa sesión general en la Sociedad de la Igualdad —contestó Clemente.
—Eso ya lo sabÃamos.
—La sesión concluyó como a las diez.
—Gran noticia —dijo doña Francisca por lo bajo.
—Esto es lo que me contaron en la calle —añadió el joven.