MartÃn Rivas
MartÃn Rivas —RÃase de eso —le contestó don Simón—, es la manera de hacerse respetar. Todo Gobierno debe manifestarse fuerte ante los pueblos, es el modo de gobernar.
—Pero eso es apalear y no gobernar —replicó MartÃn, cuyo buen sentido y generosos instintos se rebelaban contra la argumentación de los autoritarios.
—Dice bien el señor don Simón —replicó Emilio Mendoza—: al enemigo, con lo más duro.
—Extraña teorÃa, caballero —repuso MartÃn, picado—; hasta ahora habÃa creÃdo que la nobleza consistÃa en la generosidad para con el enemigo.
—Con otra clase de enemigos, pero no con los liberales —contestó Mendoza con desprecio.
Rivas se acercó a una mesa, reprimiendo su despecho.
—No discuta usted, porque no oirá otras razones —le dijo doña Francisca.
Continuó la conversación polÃtica entre los hombres y las señoras se acercaron a una mesa, sobre la cual un criado acababa de poner una bandeja con tazas de chocolate.