MartÃn Rivas
MartÃn Rivas Estas sensaciones le hicieron olvidar la cita que Rafael le habÃa dado para el dÃa siguiente, y sólo pensó en ella cuando su amigo le dijo al salir de clase:
—No olvides que debes venir esta noche a casa.
—¿A dónde vas a llevarme? —le preguntó él.
—No faltes y lo verás; quiero ensayar una curación.
—¿Con quién?
—Contigo; te veo con sÃntomas muy alarmantes.
—Creo que es inútil —dijo MartÃn con tristeza, estrechando la mano de San Luis, que se despedÃa.
Éste nada contestó, y a dos pasos de Rivas dio un suspiro que desmentÃa el contento con que acababa de hablar para infundir alegres esperanzas a su amigo.