MartÃn Rivas
MartÃn Rivas —En mayo del año entrante, y ayer he tenido aquà a don Simón Arenal, que viene a nombre de su compadre don Fidel para que le prometa prolongar el arriendo por otros nueve años.
—¿Y…?
—Nada contesté, porque necesitaba pensar sobre si convendrÃa enviar allà a mi Demetrio.
—Entonces —dijo con alegrÃa la señora—, vas a responder que no puedes.
—Será lo mejor, si Rafael quiere abandonar su carrera de abogado, para la cual estudia.
—Yo lo aconsejaré; es preciso que acepte, porque creo que por los estudios ya no hay esperanza.
Doña Clara volvió a su casa llena de alegrÃa y participó sus nuevos proyectos a su sobrino. Rafael pidió algunos dÃas para reflexionar.
Al dÃa siguiente, después de la clase, salió del colegio con MartÃn. Éste se hallaba aún bajo las impresiones de su entrevista con Leonor.
Pensó revelar a San Luis su conversación con la niña, pero un instinto de delicadeza le hizo desistir de esta idea, porque no se hallaba facultado por Leonor para revelarla.
San Luis le dijo, para romper el silencio en que Rivas permanecÃa, haciendo esta reflexión:
—Me proponen un proyecto, MartÃn, sobre el cual deseo me des tu opinión.