Martín Rivas

Martín Rivas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

El elegante se dirigió hacia la mesa de juego, prodigando al mismo tiempo sus cumplimientos a Amador por la tonada que no había escuchado.

—A ver, francesito —le dijo doña Bernarda, que tallaba al monte—, haga una parada a la sota.

Martín, entretanto, había permanecido solo en su asiento. Por una propiedad común a los verdaderos enamorados, hallábase aislado en medio de las personas que le rodeaban, y al compás de las notas de la tonada de Amador, él cantaba su amor sin esperanzas, en versos incoherentes que sólo resonaban en su imaginación.

Cuando terminó el canto, sus ojos y los de Edelmira se encontraron.

La idea de buscar su consuelo en otro amor hirió de nuevo su mente. En la mirada de Edelmira había una tristeza que cuadraba con la que a él le afligía.

En ese instante, Amador llamó al oficial para que le diese su voto sobre una mistela hecha en la casa, y Ricardo Castaños no pudo negarse a tan honorífica consulta. Rivas aprovechó aquella circunstancia para sentarse al lado de Edelmira.

—No esperaba verlo tan pronto por aquí —le dijo la niña.

—¿Por qué? —preguntó Martín.

—Porque la otra noche creo que no se divirtió usted mucho.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker