MartÃn Rivas
MartÃn Rivas —¡Es bellÃsima! —dijo MartÃn, con entusiasmo que no procuró disimular.
Esta contestación produjo una pausa, que fue interrumpida por Amador y el oficial, que entraron declarando que la mistela era de primera calidad.
MartÃn se levantó de su silla.
—Espero que usted no dejará de venir a verme —le dijo Edelmira.
—Teniendo ya una amiga como usted —contestó Rivas—, no necesitaré buscar compañero.
Todos rodearon en ese momento la mesa del juego y Amador tomó el naipe que dejaba doña Bernarda, contenta con haber ganado cien pesos.
El que perdÃa la mayor parte era AgustÃn Encina, que, entusiasmado con el buen éxito de sus amores, desafiaba a todos los circunstantes al juego después de haber perdido, para manifestar delante de Adelaida su desprendimiento del dinero.
Amador hizo traer una botella de la nueva mistela para fomentar la animación de AgustÃn y las libaciones corrieron parejas con las apuestas.