MartÃn Rivas
MartÃn Rivas —¡De mi papá, hermanita! No comprendo.
—Porque tú no has sabido que mi papá fue el que aconsejó al tÃo Fidel para que despidiese a San Luis de su casa.
—¿Y por qué?
—Dicen que porque estaba pobre Rafael.
—No deja de ser una razón.
—Aunque lo fuese, mi padre no debió intervenir para causar la desgracia de un joven bueno.
—Es verdad.
—Y yo creo que nosotros cumplimos con un deber reparando su falta en lo que podamos.
—Asà me parece, es justo.
—Matilde ama siempre a San Luis, y nunca amará a otro.
—Hace bien, yo estoy por la constancia.
Leonor explicó en seguida lo restante de su plan, dejando a su hermano muy convencido de la necesidad de apoyar a Matilde en sus amores.
Despidiéronse después de esta conversación, prometiendo AgustÃn no faltar a la hora convenida.
El elegante se hallaba en un dÃa de indulgencia, con la alegrÃa que le causaba la expectativa de la cita; asà fue que no tuvo un momento de escrúpulo para favorecer los amores de Matilde.