Martín Rivas
Martín Rivas «Después de todo, no deja de ser una felicidad la de poseer un alma vulgar, extraña a los estáticos arrobamientos de las almas privilegiadas que atraviesan el erial de la existencia sin encontrar otra capaz de comprender la delicadeza con que aspiran a realizar, etc., etc.».
Y ambos se imaginaban que la alegría que animaba el rostro de Matilde no podía provenir sino de las galanterías con que su primo debía estarla cortejando.
Martín entró en ese momento al salón. Traía en su pecho el peso de las confidencias de su amigo, que naturalmente le ponían en la precisión de envidiar una felicidad que le parecía imposible alcanzar para sí. La aspiración de ser amado, sueño constante de la juventud, cobraba en su alma proporciones inmensas que con incansable tenacidad le esclavizaba.