MartÃn Rivas
MartÃn Rivas Ambos, además de su amor por la hija de don Dámaso, eran impulsados por la misma ambición. Clemente Valencia querÃa aumentar su caudal con la herencia probable de Leonor, y Emilio Mendoza sabÃa que casándose con ella, además de la herencia que vendrÃa más tarde, la protección de don Dámaso le serÃa de inmensa utilidad en su carrera polÃtica.
Entre estos dos jóvenes habÃa por consiguiente dos puntos importantes de rivalidad: conquistar el corazón de la niña y ganarse las simpatÃas del padre. Lo primero y lo segundo eran dos graves escollos que presentaban seria resistencia por la Ãndole de Leonor y el carácter de don Dámaso. Éste fluctuaba entre el ministerio y la oposición a merced de los consejos de los amigos y de los editoriales de la prensa de ambos partidos; y Leonor, según la opinión general, tenÃa tan alta idea de su belleza, que no encontraba ningún hombre digno de su corazón ni de su mano. Mientras que don Dámaso, preocupado del deseo de ser Senador, se inclinaba del lado en que creÃa ver el triunfo, su hija daba y quitaba a cada uno de ellos las esperanzas con que en la noche anterior se habÃan mecido al dormirse.