MartÃn Rivas
MartÃn Rivas La carrera se terminó muy cerca del lugar que ocupa la cárcel penitenciaria. Leonor se detuvo y contempló durante algunos momentos a los demás de la comitiva, que habiendo sólo galopado venÃan aún muy distantes del punto en que ella se encontraba con Rivas.
—Nos han dejado solos —dijo mirando a MartÃn, que en ese momento se creÃa feliz por primera vez desde que amaba.
Durante la carrera, y alentado por las ideas que describimos, MartÃn habÃa resuelto salir de su timidez y jugar su felicidad en un golpe de audacia. Al oÃr las palabras de Leonor, sintió palpitar con violencia su corazón, porque veÃa en ellas una ocasión de realizar su nuevo propósito. Armóse entonces de resolución y con voz turbada:
—¿Lo siente usted? —le preguntó.