Martín Rivas
Martín Rivas A las cuatro y media de la tarde, un criado se presentó ante el joven y le anunció que su patrón le esperaba en la cuadra.
Martín se miró maquinalmente en un espejo que había sobre un lavatorio de caoba, y se encontró pálido y feo; pero antes que su pueril desaliento le abatiese el espíritu, su energía le despertó como avergonzado y la voluntad le habló el lenguaje de la razón.
Al entrar en la pieza en que se hallaba la familia, la palidez que le había entristecido un momento antes, desapareció bajo el más vivo encarnado.