Martín Rivas

Martín Rivas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Bien está, pero que se pase de otro modo —replicó don Dámaso, con la gravedad de un barba de comedia—. Lo mejor —añadió en voz baja, acercándose a doña Engracia— será que pensemos seriamente en casarlo; la propuesta de Fidel llega muy a tiempo.

La señora dio un fuerte apretón a Diamela para expresar el sentimiento de toda madre al ver pasar a un hijo al bando de Himeneo.

En la noche buscó Martín en balde una de aquellas conversaciones al son del piano, que a un tiempo formaban su delicia y su martirio; pero Leonor tocó sin llamarle, y Emilio Mendoza sirvió para volver la hoja de la pieza.

En un momento en que Agustín se había sentado junto a Rivas, llamó a su hermana, que se retiraba del piano.

—Ven a ayudarme a alegrar a Martín —le dijo—, está de una tristeza navrante.

—Sin duda —respondió Leonor— principia a sentir el peso de la promesa que hizo, tal vez irreflexivamente.

—¿Qué promesa, señorita? —preguntó Rivas.

—La de retirarse de casa de las señoritas Molina —dijo Leonor con altivez y acentuando con la voz la palabra que ponemos con cursiva.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker