MartÃn Rivas
MartÃn Rivas MartÃn pasó con su pareja, haciendo un ligero saludo a las Molina, y Edelmira, al contestarlo, ahogó un suspiro.
—Si yo supiese que usted quiere a ese jovencito Rivas —le dijo el oficial—, yo me vengarÃa de él.
—Y AgustÃn no nos mira tampoco —dijo doña Bernarda—, el francesito quiere hacerse el desentendido.
Los volcanes que estallaron en aquel momento llamaron hacia ellos la atención de doña Bernarda.
Los fuegos se terminaron por el castillo tradicional, con los ataques obligados de buques. Ningún incidente ocurrió que tuviese relación con los personajes de esta historia, los que se retiraron a sus casas pacÃficamente y algunos de ellos reflexionando sobre el encuentro que habÃan tenido.
Doña Bernarda no podÃa conformarse con que AgustÃn hubiese manifestado tanta indiferencia y menosprecio por su familia.
—Si se anda con muchas —decÃa—, yo publico por todas partes que está casado con mi hija y que arda Troya.
Amador trataba de calmarla, asegurándola que él arreglarÃa el asunto apenas terminasen las fiestas del Dieciocho.