MartÃn Rivas
MartÃn Rivas Un fuego graneado de chispeadoras viejas, que pasó sobre la cabeza de la familia, ahorró a MartÃn el trabajo de contestar.
—Aquà va a sucedernos alguna averÃa —dijo doña Engracia, ocultando a Diamela bajo la capa.
Para calmar los temores de la señora, la comitiva se dirigió a otro punto más seguro, pasando por delante de doña Bernarda y los suyos.
—¿Quién es esa que va con Rafael? —preguntó doña Bernarda.
—Es la hija de don Fidel ElÃas —contestó Amador.
—Lo engreÃdo que va, ni saluda siquiera —repuso doña Bernarda.
Adelaida palideció al ver a Matilde y a Rafael pasar a su lado. La historia de Rafael le era bien conocida para poder calcular la importancia de lo que veÃa.
—Mira, mira —dijo AgustÃn a Leonor, mostrando a Adelaida—, aquélla es la niña con quien me querÃan casar.
—¿Y la otra es la hermana? —preguntó Leonor.
—SÃ.
—¿Ésa es la enamorada de MartÃn?
—La misma.
—Es bonita —dijo Leonor.