Martín Rivas
Martín Rivas 37
Tirada por una yunta de bueyes y con colchas de cama puestas a guisa de cortina, caminaba a las diez de la mañana del 19 de septiembre una carreta con toldo de totora, de las que usan ciertas gentes para los paseos a la Pampilla.
En esa carreta, sentada sobre almohadas y alfombras, iba la familia Molina en alegre charla con algunos de sus amigos.
Doña Bernarda apoyaba su diestra sobre una canasta de fiambres, y en otra con botellas la izquierda. Sus dos hijas iban al frente de ella, y reclinado junto a Edelmira el oficial Ricardo Castaños, que, por gracia especial de su jefe, había obtenido permiso para faltar a la formación en aquel día. Al lado de Adelaida se hallaba otro galán, y sentado al frente, casi a caballo sobre el pértigo, con ambas piernas colgando y con la guitarra entre los brazos, completaba Amador Molina aquel cuadro característico de 19 de septiembre.
La canción que éste entonaba era a propósito para el caso y terminaba con el verso:
Tira, tira, carretero.
Que en coro repetían los de adentro, imitando con boca y manos el ruido de los voladores y apurando repetidos vasos de ponche preparado ad hoc por las inteligentes manos de Amador.
