MartÃn Rivas
MartÃn Rivas Poco importaba a Amador semejante amenaza, que fácilmente podÃa burlar abandonando la casa materna. Más para mantenerse en cualquiera otra parte era preciso ganar la subsistencia trabajando, y Amador era holgazán inveterado. Parecióle más fácil confesar la verdad, perdiendo a su hermana, que entrar en riña abierta con su madre, la que siempre proveÃa a sus necesidades, y a veces, a fuerza de economÃa, le sacaba de grandes apuros, pagando sus deudas. La relajación de sus costumbres le habÃa privado de todo sentimiento noble desde temprano, por lo cual no pensó ni un instante en sacrificarse por Adelaida arrostrando solo la indignación de doña Bernarda. Las sugestiones de su egoÃsmo hablaron únicamente en su pecho, y sin vacilar refirió a su madre la consecuencia de los amores de Adelaida con Rafael San Luis, buscando al fin algunas palabras para atenuar el hecho.
Doña Bernarda palideció al oÃr la terrible revelación de Amador, y se arrojó furiosa sobre Adelaida, a quien arrastró por el cuarto, asiéndola de las hermosas trenzas de su pelo y dando gritos descompasados.
Acudieron a sus voces Edelmira y la criada, que con Amador interpusieron juntos sus esfuerzos para arrancar a Adelaida de manos de doña Bernarda.