MartÃn Rivas
MartÃn Rivas Vencida su natural reserva, Leonor refirió a su prima la historia de su amor, que hemos visto gradualmente desenvolverse y crecer en su pecho. Habló con feliz memoria de todas sus conversaciones con MartÃn, como éste las habÃa contado a Rafael San Luis, sin omitir ninguna circunstancia, ni aun las impresiones que habÃa sentido al creer a Rivas enamorado de otra.
—¡Ah!, ¿también estás celosa?
—Celosa no; pero si supiese que amaba a otra, tendrÃa bastante fuerza de voluntad para olvidarle.
—Por lo que me cuentas —repuso Matilde—, nunca se ha atrevido él a hablarte de su amor.
—Nunca.
—¿Ni tú le has dejado comprender nada?
—No sé, tal vez alguna palabra mÃa le dé que pensar; pero puedo volver atrás el dÃa que quiera.
—¡Pobre MartÃn! —exclamó Matilde después de un breve instante de silencio—. En tu posición puedes ser más compasiva con él.
—¿Te parece?
—Darle a entender que le quieres, ¿qué te harÃa perder?
—Te advierto que es orgulloso y tal vez no habla por orgullo.
—O por delicadeza; tú le conoces mejor que yo.