Martín Rivas

Martín Rivas

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Vimos que la primera carta que Edelmira dirigió a Rivas podía sólo considerarse como el desahogo que todos buscan en un corazón amigo cuando se encuentran bajo el peso de algún dolor. Al leer la contestación de Martín, vio que había en ella tan sinceras expresiones de amistad, que muy bien podía su espíritu, dominado por una idea, interpretarlas en el sentido de su preocupación. Así fue que, aunque Edelmira no se atrevió a decirse que Rivas velaba la expresión de su amor con palabras de consuelo amigable, lo pensó por lo menos vagamente y recibió con ellas además un gran consuelo, porque esas palabras le ofrecían un apoyo en caso necesario para llevar adelante su resolución de no obedecer a su madre en aquella circunstancia.

Alentada con el buen éxito del primer paso, se resolvió por consiguiente a dar el segundo, y escribió a Martín la carta que le vimos abrir cuando se dirigía al comedor, en donde se hallaba la familia de don Dámaso.

En la mesa se habló poco, pues don Dámaso quiso respetar la amistad que Martín tenía a San Luis, en gracia de los servicios que le prestaba Rivas como encargado de sus negocios. Más, al salir del comedor, Agustín llamó a Rivas, que iba a entrar al escritorio, mientras que Leonor se sentaba delante de un bastidor en el que había un bordado.


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