MartÃn Rivas
MartÃn Rivas «Esa tÃa —continuaba la carta de Edelmira— tiene gran poder con mi madre, y le ha prestado muchos servicios, sobre todo de dinero, porque tiene en Renca una chacra bastante grande, asà es que mi madre no le niega nada. Hubiera podido pedir a mi tÃa que viniese a Santiago, pero, además que no quiere venir nunca, porque enviudó aquà y querÃa mucho a su marido, mi madre le habrÃa hablado, mientras que, viendo la resolución que tomo y el paso que doy, ella me defenderá. Como es mucho más joven que mi madre, se ha criado con nosotras como hermana, y nos quiere mucho; estoy segura que me recibirá muy bien».
A estas explicaciones agregaba Edelmira las protestas de una resolución irrevocable, y pedÃa a MartÃn que le proporcionase un carruaje para el dÃa siguiente a las siete de la mañana, hora en que, so pretexto de confesarse, irÃa a la iglesia de Santa Ana con la criada de su casa.
Recibió MartÃn esta carta al dÃa siguiente de haber escrito a San Luis, hablándole de sus proyectos de viaje al campo con la familia de don Dámaso. Después de suplicar a Edelmira que pesase bien la resolución que le anunciaba, le decÃa en su contestación: