Martín Rivas
Martín Rivas «Si usted persiste, mañana el carruaje estará pronto a la hora y en el lugar que usted me indica. Permítame, entonces, que no la deje a usted abandonada a merced de un cochero y que la acompañe a casa de su tía. Será para mí una felicidad el prestarle este servicio. Usted puede salir de la iglesia a la hora convenida y me encontrará allí; tome usted para esto las precauciones que crea convenientes y sobre todo no me prive de la satisfacción de acompañarla».
Edelmira besó esta carta, cuando estuvo sola en la noche, y se guardó de comunicar a nadie sus designios. A fin de hacer con más libertad sus preparativos de viaje, esperó que Adelaida y todos los de su casa estuviesen entregados al sueño. En esos preparativos, su primer cuidado fue el de arreglar en un paquete, atado con una cinta, las cartas de Rivas, que formaban su tesoro.
Después se acostó a meditar en su suerte y esperar la hora del día siguiente en que debía dirigirse a la iglesia.