MartÃn Rivas
MartÃn Rivas MartÃn fue puntual a la cita; querÃa desechar los pensamientos que la vista de las calles de Santiago habÃa despertado con sus recuerdos, y tuvo necesidad de una gran entereza de voluntad para no pasar por la casa de don Dámaso, que se paró a mirar algunos instantes desde una esquina.
En la reunión a que le condujo San Luis, oyó MartÃn calorosos discursos contra la polÃtica del Gobierno, y los cargos que contra él venÃa formulando desde tiempo atrás la oposición.
Allà vio jóvenes entusiastas, de dandies convertidos en tribunos, deseosos de consagrar sus fuerzas a la patria y llamando la hora del peligro para ofrecerle sus vidas. En el estado de su ánimo, Rivas encontró algún consuelo, sintiendo latir su corazón con la idea de contribuir también a la realización de las bellas teorÃas polÃticas y sociales que aquellos jóvenes profesaban y pedÃan para la patria. Al salir de la reunión, a las once de la noche, Rafael le tomó del brazo.
—Te voy a pedir un favor —le dijo.
—¿Cuál?