MartÃn Rivas
MartÃn Rivas —¿Iba solo? —preguntó con malicia Leonor.
—Solo, y aun cuando hubiese ido con Rafael, te aseguro que poco me habrÃa importado; tú sabes que eso se acabó.
Pocos momentos después vino doña Francisca a buscar a su hija y se despidieron de Leonor.
Quedó ésta reflexionando sobre la noticia que su prima acababa de traerle. SabÃa que anunciando la llegada de Rivas a don Dámaso, éste harÃa todo lo posible por llevarle de nuevo a su casa; pero la alegrÃa que le dio la idea de ver a MartÃn como antes, en la intimidad de la vida privada, la disipó muy luego el recuerdo de los motivos por que el joven habÃa salido de su casa.
«¿Cómo sé yo si me ama?», se dijo con humildad la altiva belleza, a quien los más distinguidos galanes de la capital continuaban tributando rendido homenaje.