Martín Rivas
Martín Rivas Los de la plaza, durante aquel tiempo, viendo que ninguna nueva fuerza se plegaba a sus banderas y careciendo de armas para el pueblo, resolvieron dar un ataque al cuartel de artillería, depósito de armas y municiones, y punto, por consiguiente, de gran importancia para el éxito de la empresa. «El cuartel de artillería —dice la relación citada ya— está situado al pie del cerro de Santa Lucía hacia la Cañada, en una casa de alquiler, malísima posición militar, haciendo esquina entre la calle Angosta de las Recogidas y la Cañada. Con un espacio inmenso abierto a su frente y a los costados, tiene una calle de atravieso a ocho varas de la puerta principal, lo que expone a un golpe de mano las piezas de artillería que saliesen a obrar a la puerta. Casi al frente de esta puerta principal está la calle de San Isidro, desde donde puede ser barrida la puerta por los fuegos de fuerzas superiores».
Para llegar al cuartel, cuya posición queda descrita, los revolucionarios se dirigieron a la Cañada por la calle del Estado.
Antes de describir el sangriento combate que tuvo lugar en aquel punto, nos es forzoso ver lo que pasaba a esa hora en casa de don Dámaso Encina.
Situada la casa de éste en una de las calles más centrales de Santiago, la noticia de la revolución vino a despertar a la familia en medio del profundo sueño de las primeras horas de la mañana.