MartÃn Rivas
MartÃn Rivas Rafael San Luis dirigió su gente al costado del cuartel, mientras que por el frente embestÃan los del Valdivia. El combate se hizo entonces general, bien que los sitiados economizaban sus tiros por no tener puntos adecuados para dirigirlos con certeza. Mientras que la tropa veterana hacÃa un nutrido fuego sobre puertas y ventanas, los de San Luis y demás jefes populares arrojaban piedras sobre los techos y trabajaban por derribar la puerta principal, abriendo un forado cerca del umbral. En medio del más vivo fuego, una partida de hombres capitaneada por MartÃn Rivas logró echar al suelo una de las puertas que daban sobre la calle de las Recogidas.
—¡Adelante muchachos! —gritó MartÃn, blandiendo la espada en una mano y en la otra una pistola.
Y esto diciendo, trató de penetrar en el cuartel seguido de los suyos; pero los recibió tan mortÃfero fuego de adentro, que casi todos los que seguÃan a Rivas volvieron la espalda. En vano los alentó éste con el ejemplo y la palabra, pues en ese momento se oyeron los primeros disparos de una pieza de artillerÃa que un capitán de los sitiados habÃa puesto en la calle de atravieso. Un vivÃsimo tiroteo trabóse entonces, atronando los ámbitos de la población el ruido incesante de la fusilerÃa y los repetidos tiros de cañón que barrÃan la calle diezmando las filas revolucionarias.