Martín Rivas
Martín Rivas El ruido de estas descargas era el que había hecho bajar del balcón a las familias de don Dámaso y de don Fidel. En el momento en que Leonor invocaba la piedad del cielo para Martín, éste, como los antiguos caballeros, se lanzaba a lo más crudo de la pelea, llevando en su pecho la imagen y en sus labios el nombre de Leonor.
A pesar de su denuedo, veíanse ya en gran aprieto los sitiados con el fuego sostenido y el bravo empuje de los sitiadores, cuando apareció por la bocacalle de las Agustinas una columna con «el coronel García a la cabeza», dice la relación citada. Esta columna, compuesta de la guardia nacional que los del Gobierno habían podido reunir, avanzó llenando la calle y se vio a poco tomada entre dos fuegos por un destacamento del Valdivia, que el jefe revolucionario envió a atacar por su retaguardia, y el resto de los amotinados, que rompieron sus fuegos al mismo tiempo contra su frente. El estruendo del combate fue terrible en aquellos instantes y rivalizaban en temerario coraje los revolucionarios con los jefes y oficiales de los del Gobierno, que veían por todas partes llover sobre ellos una granizada de balas.