Martín Rivas
Martín Rivas A favor de la oscuridad, Martín imprimió un ardiente beso en la frente de Leonor y bajó del carruaje.
Leonor se cubrió el rostro con las manos y dio libre curso a las lágrimas que durante aquella conversación había contenido a duras penas.
Entretanto, Rivas dio un cariñoso abrazo a Agustín y saltó sobre su caballo. —Nosotros trabajaremos acá por ti, querido— díjole Agustín—; ten cuidado no más que no te atrapen antes de salir de Valparaíso. El mozo que te acompaña lleva una maleta para ti con un ligero equipaje; allí encontrarás cartas de recomendación para ciertos comerciantes de Lima, amigos de papá, y además los realillos que necesitas para los gastos de viaje y los primeros que tengas que hacer en Lima; lo demás está previsto en las cartas de que te hablo; vamos, todavía adiós, y buena fortuna; ¡en ruta!
Estrecharon sus manos con cordial afecto los dos jóvenes, y Martín emprendió el galope después de dar una mirada de despedida a Leonor, que, inmóvil al pie del carruaje, ocultaba entre las manos su rostro bañado en lágrimas.