MartÃn Rivas
MartÃn Rivas Don Dámaso, que tenÃa perdida la esperanza de ser comisionado por el Gobierno, como se le habÃa hecho esperar, se hallaba en aquella noche bajo la influencia de los periódicos liberales, cuyos artÃculos recordaba perfectamente.
—El derecho de asociación —dijo— es sagrado. Es una de las conquistas de la civilización sobre la barbarie. Prohibirlo es hacer estéril la sangre de los mártires de la libertad y además…
—Yo te viera hablar de mártires y de libertad cuando te vengan a quitar tu fortuna —exclamó interrumpiéndole don Fidel.
—Aquà no se trata de atacar la propiedad —replicó don Dámaso.
—Se equivoca usted —dijo don Simón Arenal—. ¿Cree usted que ese tÃtulo es tomado sin premeditación? Sociedad de la Igualdad quiere decir sociedad que trabajará para establecer la igualdad, y como lo que más se opone a ella es la diferencia de fortunas, claro es que los ricos serán los patos de la boda.
—Eso es: les canards des noces —dijo el elegante AgustÃn.
—Sobre eso no hay duda, señor —le dijo también Emilio Mendoza, que habÃa aprobado hasta entonces con la cabeza.