El Decamerón
El Decamerón El caballero, al saber la demanda de la mujer, parecióle ser cosa grave y casi imposible de conseguir y comprendió que ella no había obrado así sino para quitarle toda esperanza, mas resolvió tentar lo que pudiese. Y por muchas partes del mundo hizo averiguar si habría quien le facilitase consejo o ayuda. Y encontró a mano un hombre que, si era bien pagado, se ofrecía a hacer aquello por arte nigromántica. Micer Ansaldo acordó con él darle grandísima cantidad de dinero y esperó con alegría el momento oportuno. Llegado el cual y habiendo venido grandísimos fríos y estando todo cubierto de hielos y nieve, el nigromante, en un prado vecino a la ciudad, durante la noche anterior a las calendas de enero, con sus artes hizo que apareciese por la mañana siguiente (como podían atestiguarlo quienes lo vieron), uno de los más bellos jardines que se haya conocido jamás, con hierbas, árboles y frutos de todas clases. Y cuando micer Ansaldo, contentísimo, lo vio, hizo coger los más bellos frutos y flores que había en él, y ocultamente mandó presentarlos a su dama, invitándola a ver el jardín solicitado, para que por él coligiese que la amaba. Recordóle también la promesa hecha con juramento, que esperaba le cumpliese como mujer leal.