El Decamerón
El Decamerón La mujer, al ver los frutos y flores y habiendo a muchos oído hablar del maravilloso jardín, comenzó a arrepentirse de su promesa Pero, con todo su arrepentimiento, como anhelosa de ver cosas insólitas, con otras muchas mujeres de la ciudad fue a visitar el jardín y comentando el caso, no sin maravilla, muy dolorida se tornó a su casa, pensando en aquello a que se había obligado. Y tal fue su dolor que, no pudiendo disimularlo, reparó en ello su marido y quiso saber la razón. Mucho callaba la mujer, por vergüenza, pero al fin, apremiada, por su orden le contó todo. Gilberto, al principio, se turbó mucho, pero, considerando luego la pura intención de la mujer, aconsejóse mejor, y alejando la ira, dijo: