El Decamerón
El Decamerón Plugo la invención a Roberto y, acudiendo varias veces, unas pudo estar con ella y otras no. Y, continuando en este artificio, una noche, mientras su mujer dormía, Arriguccio extendió el pie en el lecho y topó con el cordel, y echando mano y hallándolo atado al dedo de la mujer, se dijo: «Esto debe de ser algún engaño». Y se confirmó en esta creencia cuando vio que el cordel salía por la ventana y, cortándolo del dedo de la mujer, lo ató al suyo y esperó. No pasó mucho sin que llegara Roberto y tirara de la cuerdecilla, como solía. Arriguccio lo sintió, pero como no había atado bien el cabo y Roberto tiraba fuerte, deshízose el nudo y fue a dar todo el cordel a la mano de Roberto, quien con esto entendió que debía esperar, y así lo hizo.
Arriguccio, levantándose prestamente y empuñando sus armas, corrió a la puerta para ver quién había, proponiéndose causarle algún mal. Era Arriguccio, aunque mercader, hombre fiero y fuerte, y al llegar a la puerta no la abrió con suavidad, como su mujer, y Roberto, al oírlo, presumió que quien habría tan recio debía de ser Arriguccio, y prestamente diose a huir y Arriguccio a seguirle. En fin, habiendo Roberto huido buen trecho sin que el otro abandonara la caza, y estando también Roberto armado, tiró de la espada y volvióse, y uno comenzó a atacar y el otro a defenderse.