El Decamerón
El Decamerón —Miente con toda la boca, que con Nicolasa no ha yacido, porque yo me acosté con ella en vista de que no podÃa dormirme, y tú eres un bestia si lo crees; tanto bebisteis anoche, que podéis haber soñado y andar de un lado a otro sin daros cuenta, y aun es lástima que no os partieseis la cabeza. Mas, ¿qué hace ahà Pinuccio y por qué no está en su cama?
Adrián, viendo que la mujer, con discreción, encubrÃa su afrenta y la de su hija, dijo:
—Pinuccio, cien veces te he dicho que te corrijas de ese vicio dé levantarte en sueños, porque el dar por verdaderas las cosas que sueñas alguna vez te traerá mala ventura. Vuelve aquà y Dios te dé mala noche.
El huésped, oyendo a su mujer y a Adrián, creyó en verdad que Pinuccio soñaba, y asÃ, tomándole por los hombros, le comenzó a zarandear y a decir:
—Despierta, Pinuccio, y vuelve a tu cama.
Pinuccio, enterado de lo que se dijera, como sonámbulo empezó a hacer tales extravagancias, que el ventero reÃa a más y mejor. Al fin, sintiéndose sacudir, fingió despertarse y, llamando a Adrián, dijo:
—¿Me llamas? ¿Es de dÃa?
Adrián dijo:
—SÃ; ven acá.