La Consolación de la filosofía
La Consolación de la filosofía 8.– ”Alzad vuestras miradas para contemplar la inmensidad de los cielos, la majestad y rapidez de su incesante movimiento.., y ya no os maravillarán esas cosas tan viles que os habían deslumbrado. ¡Y aún más admirable que el cielo mismo es la ley que lo gobierna!
9.– “El fulgor de la belleza, ¡cómo se desvanece! Pasa veloz, fugitivo, con la ligereza de la inconstante flor de primavera.
10.– ”Si, como dice Aristóteles, tuviera el hombre los ojos de Linceo, capaces de penetrar los obstáculos, ¿no resultaría feísimo y hasta repugnante, una vez vistas las entrañas, aquel cuerpo de Alcibíades, exteriormente hermosísimo? Luego, si tenéis alguna hermosura, ¡no es debida a vuestra naturaleza, sino a la escasa perspicacia de los ojos que os miran!
11.– ”Por mucho que os jactéis de vuestro cuerpo no impediréis que toda su lozanía quede deshecha por el ligero ardor de unas tercianas.
12.– ”De lo que antecede se puede sacar una conclusión, a saber: las cosas que de suyo son incapaces de proporcionar los bienes que auguran, y que aun reunidas con los demás bienes resultan imperfectas no son camino seguro para la felicidad y por sí mismas tampoco pueden darla.