La Consolación de la filosofía
La Consolación de la filosofía ”¡Oh, qué desgraciados son los hombres caminando en busca de la dicha por los senderos extraviados a donde los lleva su ignorancia!
”No vais a buscar el oro entre el verde follaje de los árboles, ni las piedras preciosas en los racimos de la vid.
”No pretende llevar a su mesa ricos pescados el que ha tendido sus redes en lo alto de la colina; ni el que se deleita en la caza del ciervo va a perseguirlo en las aguas del mar Tirreno.
”Al contrario, conoce muy bien el hombre los rincones ocultos bajo las olas del mar; sabe qué aguas son las más abundantes en nacaradas perlas y cuáles las más propicias a la púrpura esplendente, así como encuentra los peces más delicados y los punzantes erizos.
”Mas lo que todos, ciegos, se empeñan en ignorar es dónde se oculta el bien que anhelan; y buscan en los abismos de la tierra aquello que se remontó por encima de las estrellas.
”¿Qué imprecaciones no merece semejante insensatez? “Persigan enhorabuena las riquezas y los honores; mas cuando tras penosos esfuerzos hayan conquistado falsos bienes, reconozcan de buen grado dónde están los verdaderos.
