La Consolación de la filosofía
La Consolación de la filosofía 10.– ”Para no prolongar indefinidamente este razonamiento es preciso recordar que Dios, ser soberano, posee en sí mismo el bien sumo y perfecto; pero como la felicidad está en el bien sumo, según ya hemos probado, resulta necesariamente que la felicidad reside en Dios soberano
“Así lo entiendo —dije—, y nada hay que pueda objetarse razonablemente”.
11.– “Pero no dejes de observar cuán profundo y definitivo es este aserto que tú apruebas, de que Dios soberano sea el bien sumo”.
12.– “¿En qué sentido?” —respondí.
“No imagines que el Padre de todos los seres haya recibido del exterior ese bien supremo cuya posesión le atribuimos, ni que por naturaleza lo posea de tal modo que haya dos naturalezas distintas, la de Dios poseedor y la de la felicidad poseída.
13.– ”Pues si creyeras que este bien lo hubiera recibido del exterior podrías pensar que el que lo ha dado es superior al que lo ha recibido; lo cual es incompatible con lo antes probado, a saber, que Dios está infinitamente por encima de todos los seres.