La Consolación de la filosofía

La Consolación de la filosofía

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”En otro tiempo, Orfeo, el cantor de Tracia, lloró la muerte de su esposa; y cuando con su canto desolado obligó a los montes a que acudieran en su socorro, e hizo que los ríos de rápida corriente detuvieran su curso; que el ciervo, sin estremecerse viviera pacífico junto al león sanguinario, que la liebre no temiera ante el perro, ya amansado por el armonioso canto... sintiendo su corazón abrasado por llama devoradora, sin que los cantos que habían apaciguado al mundo pudieran aquietar a su autor, lamentando la crueldad de los dioses del cielo quiso acercarse a las moradas infernales.

”Allí moduló su canto al son acariciador de su lira; cuanto aprendiera en las divinas fuentes de la diosa su madre, cuanto le inspirara un dolor sin medida y un amor que redoblaba su dolor, lo expresó en conmovedoras elegías que estremecieron al Ténaro; por fin, con dulces plegarias imploró el perdón del Rey de las sombras.

”Conmovido por aquella jamás oída melodía, queda estupefacto e inmóvil el carcelero de tres cabezas; lágrimas de ternura y compasión fluyen a torrentes de los ojos de las diosas vengadoras, que hostigan con el terror a las almas culpables; la cabeza de Ixión ya no es arrastrada por la rueda veloz; Tántalo, de penosa y larga sed atormentado, desdeña las aguas de los ríos; y arrebatado por aquella música divina, ya no devora el buitre el hígado de Tityo.


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