La Consolación de la filosofía
La Consolación de la filosofía 8.– ”Ya has visto en qué consiste la verdadera felicidad, tal como te la he mostrado; ahora, tras unos preliminares que considero necesarios, te enseñaré el camino por el cual podrás volver a tu propia mansión.
9.– ”Daré alas a tu espíritu para que se eleve hasta las cumbres; y disipada toda inquietud, retornarás sano y salvo a la patria, guiado por mis consejos, siguiendo mi camino y conducido por mis cuadrigas.
”Pues yo tengo raudas alas que saben penetrar los cielos; y si de ellas se reviste el espíritu ágil, mirará con desprecio el odioso mundo terrenal, franqueará la esfera del aire infinito, dejará tras si las nubes, subirá más alto que las llamas que en su rápido movimiento aviva el éter, llegará a la región de las estrellas, unirá su carro al de Febo; y hecho soldado de Marte, el astro deslumbrador, acompañará en su giro al viejo planeta helado (Saturno), al que seguirá dondequiera se ilumine la noche, hasta que, terminada su carrera, abandone las alturas celestes cabalgando sobre el rápido éter, en posesión segura de la luz sagrada.
”Allí ostenta su cetro el rey de los reyes; desde allí sujeta las riendas del mundo; e inmutable en sí mismo, dirige su alado carro en el esplendor de su majestad.
