La Consolación de la filosofía
La Consolación de la filosofía ”Las velas de Ulises y los bajeles de su flota dispersa por el mar vense empujados por el Euro hacia la isla en que habita la bella diosa Circe. Ella, al ver huéspedes desconocidos, les prepara vasos encantados.
”Su mano conoce las virtudes de las plantas y ha logrado transformar de mil maneras a los forasteros: uno ha tomado el aspecto de jabalí; otro,, convertido en león de Mármara, ve cómo le crecen los dientes y las uñas, que se transforman en garras; éste, que ya se cuenta entre los lobos, va a llorar y aúlla; aquél, hecho tigre de la India, merodea tranquilo por entre las viviendas. En vano el dios alado de Arcadia apiadado del jefe de los navegantes al que agobian mil calamidades, lo ha liberado del castigo de Circe: los labios de sus remeros han tocado ya los vasos funestos y, convertidos en cerdos, abandonan el pan de Ceres para ir en busca de las bellotas, Todo lo manchan; ya no les queda ni la voz ni la forma del cuerpo. Sólo el espíritu queda inmutable y gime aprisionado por la fuerza del embrujo. ¡Oh mano débil y ligera! ¡Oh plantas de escaso poder, que si transforman los cuerpos son incapaces de llegar al corazón! La energía del hombre está en lo interior, escondida en el retirado alcázar de su alma. Los venenos más temibles, los que hacen al hombre salir de sí mismo son los que penetran en su interior; y sin dañar a su cuerpo, se ceban encarnizados en su mente vulnerada”.
