La Consolación de la filosofía
La Consolación de la filosofía 35.– “Por tanto, si a ti te tocara juzgar, ¿a quién creerías merecedor del castigo, al que injurió o al que sufrió la injuria?” “No hay lugar a duda: haría que se diera satisfacción al injuriado y se castigara al ofensor
36.– “Es decir, ¿qué te parecería más desgraciado el autor de la injuria que la víctima?”
37.– “Seguramente”. “Pues, por esta razón y por otras que reconocen la misma base esto es, la desgracia que consigo lleva la maldad, el infortunado no es el que recibe una injuria, sino el que la infiere.
38.– “No obstante, los abogados proceden al contrario; porque procuran mover a los jueces a favor de los que han sufrido ofensa grave, cuando en realidad es más digno de compasión el culpable, el cual debería ser tratado con clemencia y dulzura por los acusadores y no con indignación, presentándolo ante el tribunal como un enfermo ante el médico, a fin de que el castigo lo librara de su dolencia moral.
39.– ”De esta suerte, la actuación del defensor sería menos apasionada; y en todo caso, para ser útil de alguna manera se limitaría a la mera acusación.