La Consolación de la filosofía
La Consolación de la filosofía 7.– ”Por otra parte, una vez explicados con tu acostumbrada maestría todos los aspectos de la cuestión, no quedará lugar a duda en lo demás que tratares”.
8.– “Te daré gusto” —dijo. Y comenzó de esta manera: “Si por azar se entiende un acontecimiento o serie de ellos que sobrevengan de modo accidental, fuera del encadenamiento natural de las causas, es preciso afirmar que el azar no existe; y que esa palabra, al no designar nada, carece de sentido; porque si todas las cosas suceden conforme a un orden establecido por Dios. ¿Qué lugar queda para lo fortuito o imprevisto?
9.– ”En efecto, de la nada no sale nada; pensamiento éste muy cierto que ninguno de los antiguos se atrevió a negar, si bien no fue formulado a propósito del principio creador y agente sino de la materia creada, es decir, de la naturaleza de los seres.
10.– ”Y si un acontecimiento sobreviene sin causa, es como si saliera de la nada; y siendo esto imposible, igualmente lo será que exista el azar tal como lo hemos definido o supuesto”.
11.– “Entonces, ¿nada hay que se pueda llamar caso fortuito? O bien, ¿existe algo, aun desconocido por el vulgo, que pueda llevar ese nombre?”