La Consolación de la filosofía
La Consolación de la filosofía 17.– ”Opilión y Gaudencio, a causa de sus numerosos y astutos fraudes, fueron desterrados por un edicto real; mas ellos, para esquivar el golpe, buscaron asilo en un santuario, de lo cual informado el rey, ordenó que si en el día prefijado no abandonaban la ciudad de Ravenna, los expulsaría por la fuerza marcando sus frentes con la ignominia del hierro candente.
18.– ”¿Qué recurso les podía quedar ante tan severa amenaza? Y, sin embargo, aquel mismo día, para congraciarse presentaron una denuncia contra mí.
19.– ”¿Cómo? ¿Acaso mi conducta me había hecho merecer tal cosa? ¿O es que a ellos los rehabilitó la incumplida condena? De suerte que la fortuna que no se avergonzara al ver acusado al inocente, ¿tampoco se indignó ante la bajeza de los acusadores?
20.– ”¿Y quieres saber el delito que se me imputó? Me acusaron de que quise salvar al Senado.
21.– ”¿En qué forma? Un delator pretendía se incoara expediente para declarar al Senado reo de lesa majestad, y yo lo impedí: ése es el crimen que me achacan.