La Consolación de la filosofía
La Consolación de la filosofía 22.– ”¿Qué juzgas de todo esto, tú que eres mi maestra? ¿Negaré el crimen que se me imputa para que tú no te avergüences de mí? Pero es el caso que yo siempre quise y querré aquello que se me reprocha. ¿Me confesaré culpable? En ese caso, cejaría en mi esfuerzo para detener los pasos de los delatores.
23.– ”¿Se puede llamar crimen al deseo de salvar aquella gran institución? Ciertamente, por la conducta que conmigo observara el Senado, bien puede decirse que mereciera ser declarado criminal el que intentara defenderlo.
24.– ”Pero el deber no puede estar sujeto al vaivén de los humanos acontecimientos, siempre contradictorios; y yo, que sigo con fidelidad las enseñanzas de Sócrates, no puedo ni ocultar la verdad ni consentir la mentira.
25.– ”Sea como fuere, a tu juicio y al de los sabios me remito; y con el fin de que la posteridad conozca la realidad de los hechos, me ha parecido oportuno consignarlos por escrito, para que jamás se borren de la memoria.