La Consolación de la filosofÃa
La Consolación de la filosofÃa 42.– â€Queda asà resuelta la cuestión que antes proponÃas, a saber, que parecÃa indigno de Dios el suponer que nuestros actos fueran la causa determinante de la presciencia divina.
43.– â€Porque ésta es tan poderosa que abarcándolo todo en un conocimiento presente, por sà misma impone a las cosas su manera de ser, sin que en nada dependa de los hechos futuros.
44.– â€Siendo esto asÃ, los mortales conservan Ãntegro su libre albedrÃo; es decir, la voluntad está exenta de toda necesidad, y por lo tanto, no hay ninguna injusticia en las leyes que determinan los premios o los castigos.
45.– â€No sólo eso: Dios, que está por encima de todos los demás seres, contempla nuestros actos; y con su presciencia y su mirada eternamente presente conoce la cualidad de cada uno, recompensando a los buenos y castigando a los malos.
46.– â€Por lo tanto, no es vana la esperanza que el hombre pone en Dios, ni son inútiles sus oraciones: las cuales, si brotan de un corazón recto, no pueden menos de ser eficaces.
47.– â€Apartaos, pues, de los vicios; practicad la virtud; elevad vuestros corazones en alas de la más firme esperanza; que suban al cielo vuestras humildes oraciones.